Iban Duncan y Jark (cimerio y gunderman respectivamente) caminado por las peladas colinas al noreste de Zamora, en una misión para el governente de Arenjun. Mientras iban distraidamente discutiendo sobre quién de los dos tenía la culpa de verse envueltos en una tan desagrable misión, los acerados ojos de Duncan perciven a cuatro figuras que se acercan al galope desde el este. Cuando ya se encontraban más cerca, pudieron distinguir a cuatro jinetes, por el aspecto debían ser Turanios, fuera de su territorio. cuando ya estaban sobre ellos, uno, que portaba un estandarte, les habló en la lengua de su país, con gestos grandilocuentes señaló al segundo, un joven de aspecto pomposo y ropas caras, a contunuación hablando ya en zamorio con marcado acento turano (o sea como un terrorista árabe en una peli yanqui):
- Vosotros inmundos kozacos rendíos ante la autoridad de el gran...
- Callate y apartate de nuestro camino- grita Duncan sin asomo de cortesía- no me importa quien eres tú ni ese perro pomposo.
Con el rostro rojo de ira, el aludido grita - ¡Soldados deseo ver el color de las entrañas de ese miserable extranjero!

Con una mueca de macabras intenciones ambos turanios descabalgan y desenvaina sus cimitarras, craso error. Tanto el gunderman como el cimerio pefrieren esperar a que sus contrincantes se les acerquen, ya que saben que montados tenían ventaja sobre ellos, ahora, a pesar de las cotas de malla, ya no. Jark se enfrenta a un joven moreno, que demuestrra ser más escurridizo de lo que parecía en un principio, aunque tras intercambiar varias estocadas logra penetrar la armadura a la altura del corazón. Duncan no es tan paciente, de un brutal hachazo parte casco y cráneo como si de un simple melón maduro se tratara. Cuando el emisario trata de realizar una carga para que su señor escape, el bárbaro hace funcionar su poderosa musculatura, y lanza su hacha de batalla directamente al torso del caballo del noble turanio, matandolo en el acto, y atrapando bajo su peso la pierna del jinete. ese momento de confusion y sagre lo aprovecha el soldado hiborio para sesgar, de un espadazo, la pierna al estandarte, que se desmaya del dolor. Con los cuatro muertos o fuera de combate. Los dos mercenarios se acercan al pomposo turanio con la intención de acabar el trabajo. Pero ante la súplica de este, y al hecho de que estaba desarmado, y pedía piedad por su lacayo superviviente, decidieron dejarle vivir, un caballo y a su sirviente. cuando ya se hubo marchado, los dos socios se repartieron las pertennecias de los soldados caidos, y se llevaron los otros dos caballos.
Como vereis, aquí tenemos una muestra de lo que se ha llamado "Diplomacia Cimeria". Espero que hayais disfrutado tanto como yo cuando me salió el 20 al arrojar el hacha jajajajaj ¡¡¡¡Por Crom y Macca!!!!
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